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Primer relato
Nov 3
Antes de todo, decir que este es el primer relato que escribo, por lo tanto, la probabilidad de que no valga nada es bastante alta.
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Marco se sobresaltó y palideció al mismo tiempo. Se podría decir que era un chico valiente, pero sería mentira. Marco conocía muy bien sus miedos y por eso los evitaba. Pero por desgracia para él, sus miedos eran lo suficientemente astutos como para darle caza en la mayoría de las ocasiones.
Era un chico muy inteligente y de aspecto desnutrido, algo extraño teniendo en cuenta que era hijo de la familia más rica del reino. El hecho de que tuviera aspecto desnutrido también era extraño.
Y allí estaba él, inmóvil en medio de un callejón por el que se podía andar tranquilamente, pero desde luego, lo más sensato era correr. No se distinguía nada a más de veinte metros debido a la densa niebla. Pero no todo era malo, la niebla favoreció bastante a la fea del pueblo, que gracias a ella, pasó de ser algo parecido al aborto de un mono, a algo que podía parecer incluso la figura humana de una chica.
De repente, el suelo empezó a temblar. A la cabeza le vino la imagen de una inmensa estampida de elefantes destruyendo todo a su paso. Pero pronto descartó esa idea, ya que al ser un pueblo de montaña, era poco probable que hubiera algún elefante por allí cerca. Entonces decidió que lo más lógico era que fuera una estampida de sardinas. Visualizó por un momento aquella nueva imagen, le pareció realmente aterradora…
En ese preciso instante lo vio. Aunque… para su asombro, no eran las mortíferas sardinas sedientas de sangre que había imaginado. Era algo mucho peor, toda su familia que corría hacia él. Lo cierto es que nunca había visto correr así a su abuela, con una extraordinaria agilidad cual gacela corriendo ferozmente tras su presa. Cosa rara teniendo en cuenta que su abuela era coja de la mano derecha…
Entonces, ante el peligro que se le venía encima, consiguió moverse un poco, luego dos pocos… Al fin, consiguió moverse todos los pocos necesarios para salir corriendo de allí a la velocidad del rayo. Un rayo muy lento a decir verdad, pero un rayo al fin y al cabo.
Definitivamente, Marco no se quería casar.